24.4.08

de vuelta al fondo del pozo

Hola de nuevo. Creo que esto ya no lo leerá nadie, después de más de un mes de ausencia total y absoluta. Pero es igual. Desde el viernes santo me tiré como diez días enferma perdida. Con unas fiebres altísimas que no se me iban ni tomándome 8 pastillas al día. Hasta el médico que vino de urgencia se asustó y pensó que no era normal. Aunque también dijo que si fuera neurológico, por desgracia (sería para él, intuyo, porque a mi me da igual) ya habría dado más la cara y lo sabríamos, no sé, lo mismo me habría petado la cabeza, supongo que se refería a un tumor, meningitis o esas cosas de las que te mueres. Al final estuvo bien, quiero decir, que yo estuve mejor de lo que estoy ahora, porque aunque me doliera la cabeza y los huesos y tiritara y me pusiera morada cuando me subía la fiebre y esas cosas, no fui a trabajar, estuve tirada en la cama todo el rato y pude ver SLQH y series como “mi nombre es earl” que está entretenida. Y madre me hacía la pelota a cada minuto y me preparaba zumitos y no me obligaba a ir a por el pan ni nada de eso. En fin. Hasta el gato me mordía menos.

Pero también fue el principio del fin de mi historia con la mala malísima. Mientras yo me calentaba con la fiebre, ella se enfriaba. Y ahora vuelvo a estar sola. Sin ilusión, sin rumbo, sin esperanza. El móvil nuevo que me compré (un nokia no sé qué número xpress music) ya no suena cada día varias veces con sus mensajes ni aparece ya su voz, ahora lo tendré que usar como vulgar radio o mp3. Y la vida se me ha vuelto a teñir de un gris insoportable tirando a negro, a mí, que creía que había vuelto a tocar el cielo azul de nuevo. No volverá a dibujárseme una sonrisa tonta en la boca cuando lea un mensaje de que me viene a buscar al trabajo. El viaje a algún lugar en avión con ella se quedara en una mera utopía como lo era la huida a México para Thelma y Louise, como lo es mi felicidad. Girona se unirá a todos los municipios de la isla de Tenerife en la lista de “por 25 ptas, nombres de lugares geográficos que hacen llorar a macbollix”. Nadie dijo que fuera fácil, de hecho, no estaba siendo nada fácil, pero tampoco me esperaba tan pronto este mismo final llorón, antipático, triste y doloroso de siempre. Pensé que el amor es más grande que todas las cosas y me armé de paciencia y estaba dispuesta a todo por ella… Pero, claro, ¿quién mierda soy yo? Tengo tantos defectos que si te pones a enumerarlos no acabas. Es imposible que nunca despierte en nadie un sentimiento de que valgo la pena, como mujer, como novia, como tía con la que hipotecarse. Y sí, no valgo la pena. ¿Qué importa, pues, lo que pueda sentir mi corazón? Menos que nada. El amor es una puta mierda. Y es mejor no sentirlo jamás en la vida. Porque inevitablemente implica sufrir y mucho e implica casi siempre (siempre en mi caso) acabar en un mar de lágrimas cuando te dejan, con la miel en los labios. No quiero estar nunca más con nadie. Mi cupo de sufrimiento ya se rebasó. Me quedaré sola de por vida…

Ayer compré una rosa y un libro. La primera fue a parar al único ser vivo que creo que siente algo por mí en estos momentos: mi gato. Y le hizo una ilusión bárbara, se puso contentísimo, tanto que hasta quería comerse la espiga, menos mal que madre se lo impidió. Podría regalarle también el libro que compré para ella, pero sé que no le haría tanta ilusión. Las hojas de papel no le gustan, si fueran al menos de lechuga... En fin. Estoy perdida de nuevo, mi vida vuelve a ser una mierda. Y ya no hay solución posible. No creo en nada ni en nadie. Y mucho menos en el futuro. Estoy acabada. Ya no hay clavo al que agarrarse, ya no hay nada que me provoque la duda tonta de que aún la vida puede merecer la pena.

Y el caso es que te sigues poniendo tan extraordinariamente guapa cuando sonríes… Y el caso es que lucharía por ti hasta la extenuación si me lo pidieras…